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lunes, 6 de octubre de 2008

Queipo-Franco (IV), las críticas militares (y b)


6 de Octubre de 2008

Pío Moa
La marcha sobre Madrid, centro político y administrativo del país, no podía llevarse a cabo, como hemos visto, de igual modo que las primeras operaciones, prácticamente de policía, de la región andaluza. Franco sabía que la toma de la capital con las reducidas fuerzas de que disponía era una labor muy difícil, y que solo la descomposición moral del enemigo podía hacer factible. Lograr esa desmoralización obligaba a no exponerse con peligrosa audacia ni perder ningún encuentro, y eso fue exactamente lo que hizo. A ese fin la toma de Toledo, que desviaba muy pocos kilómetros el avance a la capital, era una baza de máxima importancia. Quizá una mayor audacia habría tenido mejores efectos -- o quizá no--, la cuestión es que las columnas de Franco llegaron a los arrabales de Madrid venciendo siempre, y todos los testimonios insisten en la profunda desmoralización de las fuerzas enemigas, y de los políticos en Madrid mismo, que se apresuraron a huir. No fue la lentitud o el desvío a Toledo los que frustraron la operación, sino la llegada masiva de material soviético y el protagonismo de los comunistas en la capital, mucho más resueltos, mejor oganizados y más valerosos que sus socios del Frente Popular. Franco no pudo calibrar hasta muy poco antes cómo había cambiado la situación.

Queipo hace otra crítica de esas que pueden ser justas o no, nunca podrá saberse: “Si en lugar de llegar hasta Madrid, nuestras tropas hubieran cortado a bastante distancia la carretera de Valencia, las tropas rojas, aún desorganizadas, hubieran sido batidas con facilidad en el camino, con lo que la ya decaída moral de los rojos que se encontraban en la capital hubiera inducido a éstos a la rendición y la guerra hubiera declinado rápidamente”. Es posible, claro, y la concepción operativa parece brillante. Pero también es cierto que los nacionales se exponían a un ataque concéntrico desde Madrid y desde Valencia, o a un simple ataque desde Madrid hacia el sur, que cortase las líneas de abastecimiento del ejército de Franco, ya excesivamente alargadas; y expuestas, al discurrir por un pasillo en medio de dos zonas dominadas por los rojos. Dos riesgos muy a tener en cuenta.

Pero, en fin, para no extendernos en consideraciones sobre otros frentes, Queipo nos presenta un Franco torpe, descuidado y chapucero, ignorante de principios militares elementales y obsesionado por no dejarle a él, a Queipo, oportunidades para conquistar gloria militar alguna. ¿Cómo se explica, entonces, que Franco venciese en todas sus batallas, salvo en Guadalajara, aun sufriendo algún fracaso (que no derrota), principalmente en Madrid, y ganase finalmente la guerra? Como explica el mismo Queipo, “Muchos problemas sufrimos como consecuencia de decisiones absurdas del Generalísimo, que pusieron en gravísimo riesgo el resultado de la guerra. Gracias sean dadas a la Divina Providencia, que veló por nosotros como en tantas otras circunstancias”. Visto lo anterior, solo queda esa explicación, en efecto: la Providencia velaba por los nacionales, y muy especialmente por Franco… Las excelentes cualidades militares de Queipo quedan aquí obnubiladas por el resentimiento: “Conociendo a Franco, conociendo su carencia, su bajura moral…”.

El caso de Franco, ya lo he dicho, debe de ser único en la historia, o en todo caso rarísimo: habiéndose distinguido en Marruecos, en la insurrección izquierdista de 1934, habiendo ganado la guerra civil y vencido a las guerrillas comunistas, tan exitosas en otro lugares… decenas de historiadores, políticos y “entendidos” diversos han llegado a la conclusión de que era un militar mediocre y torpe, casi –o sin casi-- un estúpido. ¡A quiénes corresponderán tales calificativos!

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****Dice Rosa Díez: "En el horizonte del Gobierno está la posibilidad de volver a negociar con ETA". Pues claro, porque son muchas, muchas las cosas que unen al PSOE con los asesinos. Y esa "negociación" se llama, mucho más propiamente, COLABORACIÓN..

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