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Crónica Negra de la II República Española. Genocidio marxista en el Partido Judicial de Estepona.

lunes, 6 de octubre de 2008

La cruz de la Segund República


El revisionismo histórico por el que pasamos en este momento es la disculpa a la que me acojo para referir la situación poco democrática que sufrió mi abuela. No es mi afán revanchista, ni mucho menos; pero donde otros agitan banderas reivindicativas, yo, me limito a comentar que no todo fue injusto para el mismo lado.
Mi abuela materna ejercería como maestra en la ciudad de León durante la Segunda República. Era una católica creyente, o al menos se tenía por tal. No lo escondía, ni mucho menos; tampoco era motivo de ostentación personal.
Entonces se ordenó, desde el gobierno, retirar las cruces de las escuelas. Una cruz en una pared, poco podía alterar el ritmo de trabajo dentro del aula. De hecho, ella usaba un crucifijo de tamaño regular, que se colgaba del cuello. No era el crucifijo en sí, era el significado. Mi abuela no retiró el crucifijo y apareció en una lista de “candidatos al fusilamiento” junto con otras personas no gratas a las autoridades republicanas. Entonces estalló la guerra Civil del 36 y León quedó bajo el gobierno de los nacionales. La lista salió a la luz y mi abuela, junto con otros cristianos que figuraban en aquella lista, salvó la vida.
En una escuela próxima a mi domicilio se ha desatado la misma intemperancia contra el crucifijo. Dos padres de alumnos han pedido que se retiren los crucifijos del centro. Me pregunto si otros dos padres piden que se ponga otro símbolo de cualquier otra religión serían igualmente atendidos. Tal vez no.
De todas formas, recuerdo a las maestras de mis hijos cuando, pequeños aún, cursaban la primaria. Buenas profesionales recomendaban que los niños llevaran a la escuela juguetes de sus casas, algún tiesto, algo personal para que el aula fuese la prolongación de su casa y la percibiesen como parte de su entorno. De ese modo el estímulo hacia el aprendizaje encontraría la inteligencia emocional predispuesta favorablemente.
Mi hija segunda era, por entonces, una forofa del Real Madrid. ¿Adivinan que se llevó? Sin duda se habrían quedado cortos: un cojín, un vaso, una bufanda, una toallita, el cabás del bocadillo, un carpesano… Todo con el escudo de aquel equipo de fútbol. Mi hija mayor se llevaba sus libros favoritos y los leía por debajo de la mesa mientras su maestra explicaba… La tercera una muñeca que ocupaba un asiento del coche para ella solita. La cuarta, a la inversa: se trajo las mascotas –hamsters- durante varias vacaciones...

ATC Journal. ¡Llevamos la información!

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