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Crónica Negra de la II República Española. Genocidio marxista en el Partido Judicial de Estepona.

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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las pruebas contra el estalinista Santiago Carrillo en Paracuellos

Libertad Digital
Santiago Carrillo no es el único que tuvo responsabilidad en la matanza de Paracuellos del Jarama (Madrid) en otoño de 1936 (4.200 asesinados totalmente identificados) pero la investigación histórica que realiza César Vidal en Paracuellos-Katyn (Libros Libres 2005) aporta datos esclarecedores sobre la implicación directa de Carrillo en estos horribles crímenes. En el momento de la matanza, Carrillo era responsable de seguridad de la Junta de Madrid.

Vidal explica que "ninguno de los que supieron, en noviembre de 1936 lo que estaba sucedieron" tuvieron dudas sobre "la responsabilidad ejecutora" de Carrillo en la matanza. Entre los textos que apuntan en esta dirección destaca el del nacionalista vasco Jesús de Galíndez –fue asesor de la Dirección General de Prisiones cuando el también peneuvista Manuel de Irujo fue nombrado Ministro de Justicia de la Segunda República– escribió en 1945 en sus memorias del asedio de Madrid:
El mismo día 6 de noviembre se decide la limpieza de esta quinta columna por las nuevas autoridades que controlaban el orden público. La trágica limpieza de noviembre fue desgraciadamente histórica; no caben paliativos a la verdad. En la noche del 6 de noviembre fueron minuciosamente revisadas las fichas de unos seiscientos presos de la cárcel Modelo y, comprobada su condición de fascistas, fueron ejecutados en el pueblecito de Paracuellos del Jarama. Dos noches después otros cuatrocientos. Total 1.020. En días sucesivos la limpieza siguió hasta el 4 de diciembre. Para mí la limpieza de noviembre es el borrón más grave de la defensa de Madrid, por ser dirigida por las autoridades encargadas del orden público. (J. de Galíndez Suárez, Los vascos en el Madrid sitiado)
La responsabilidad directa de Carrillo en estos millares de crímenes fue confirmada de manera irrefutable tras la apertura de los archivos de la antigua Unión Soviética. César Vidal recoge un documento de enrome importancia escrito a mano por Gueorgui Dimitrov, líder en ese tiempo de la Internacional Comunista al servicio de Stalin. En el texto, escrito el 30 de julio de 1937, informa de la manera en que prosigue el proyecto de toma del poder del PCE en el Gobierno del Frente Popular. La referencia a las matanzas de Carrillo aparece en relación con las críticas al ministro peneuvista de Justicia, Manuel de Irujo:
Pasemos ahora a Irujo. Es una nacionalista casco, católico. Es un buen jesuita, digno discípulo de Ignacio de Loyola (...). Se dedica especialmente a acosar y perseguir a gente humilde y a los antifascistas que el años pasado trataron con brutalidad a los presos fascistas en agosto, septiembre, octubre y noviembre. Quería detener a Carrillo, secretario general de la Juventud Socialista Unificada, porque cuando los fascistas se estaban acercando a Madrid, Carrillo, que era entonces gobernador, dio la orden de fusilar a los funcionarios fascistas detenidos. En nombre de la ley, el fascista Irujo, ministro de Justicia del gobierno republicano, ha iniciado una investigación contra los comunistas, socialistas y anarquistas que trataron con brutalidad a los presos fascistas. (...) Irujo está haciendo todo lo posible e imposible para salvar a los trotskystas y sabotear los juicios que se celebran contra ellos.
Pero, como explica César Vidal en su investigación, otro agente de Stalin, Stoyán Mínev Stepanov, delegado en España de la Komitern de 1937 a 1939, redactaba en abril de 1939 un informe sobre las causas de la derrota en España. En él también mencionaba a Carrilo de forma reveladora, al hablar de la resistencia que había plantado el PSOE tras al avance del PCE: "Provocan la persecución contra muchos comunistas (incluso también contra Carrillo) por la represión arbitraria de los fascistas en otoño de 1936". Lo que demuestra que la responsabilidad de Carrillo no sólo era conocida por el PCE y los agentes de Stalin, sino que también fue utilizada por el PSOE para frenar el avance del PCE en el seno de la guerra interna del Frente Popular.

Además de estas pruebas, ya en la época de la Transición un antiguo miliciano denominado El Estudiante que asegura que acompañó a Carrillo en sus tareas represivas, escribió una carta al ex dirigente comunista que en su momento no tuvo eco en la prensa por las ansias de reconciliación que presidían la Transición. Sí se publicó una entrevista en un diario de la época en la que se reafirmaba del contenido de la carta e, incluso, aparecía llorando en fotografías de los lugares donde , según su testimonio, Carrillo perpetró sus crímenes

En la carta, El Estudiante dice:
Hoy soy vecino de Aranjuez, tengo 65 años y en el año 1936 fui enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama. También estuve en la checa de la Escuadrilla del Amanecer, de la calle Marqués de Cubas 17 de Madrid, donde presencié los mas (sic) horrendos martirios y crímenes (sic). También estuve en el cuartel de asalto de la calle Pontones donde tú, Santiago Carrillo, mandabas realizar toda clase de martirios y ejecuciones de la checa de tu mando. Yo soy el pionero al que llamabas, el estudiante, que llevaba la correspondencia de las distintas checas a cambio de la comida que me dabais. ¿Me recuerdas ahora, Santiago Carrillo? ¿Te acuerdas cuando tú, acompañado de la miliciana Sagrario Ramírez, Santiago Escalona y Ramírez Roiz, alias el Pancho, en la carretera de Fuencarral km 5, el día 24 de agosto de 1936, siete de la mañana, asesinasteis al Duque de Veragua, que tú, Santiago Carrillo, madasteis (sic) que le quitaran el anillo de oro con piedras preciosas; y recuerdas que no se lo podian (sic) quitar y tú, Santiago Carrillo ordenastes (sic) que le coartaran el dedo; recuerdas, Santiago Carrillo, la noche que fuisteis a la checa de Fomento con tu coche Ford M-984 conducido por el comunista Juan Llascu y los chequistas Manuel Domicris, el Valiente, y el guarda de asalto José Bartolomé, y que entonces en el sotano (sic) mandastes(sic) quemar los pechos de la monja sor Felisa del Convento de las Maravillas de la calle de Bravo Murillo, y que así lo hizo el Valiente, con un cigarro puro. Esto sucedió el día 29 de agosto a las tres de la madrugada.
Información extraída del ensayo de César Vidal Paracuellos-Katyn, Libros Libres, 2005.

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viernes, 7 de septiembre de 2012

La verdadera memoria histórica: Tres días decisivos en la vida del General Franco


Jaime Bel Ventura.-

El problema residía en encontrar una excusa creíble para que el general Franco dejara su puesto en Tenerife y se desplazara a Las Palmas de Gran Canaria. Franco se encontraba estrechamente vigilado por oficiales del SIM (Servicio de Inteligencia Militar) leales al Frente Popular. El fallecimiento accidental del general Amadeo Balmes Alonso, comandante militar de Las Palmas, el 16 de julio aportó a Franco la coartada perfecta para viajar desde Tenerife donde se encontraba oficiosamente desterrado y vigilado.

El Gobierno frentepopulista encomendó a Franco la presidencia de la misa funeral y abrir una investigación sobre la muerte del general Balmes. Franco viajó a Las Palmas a primeras horas de la mañana del 17 de julio para asistir al funeral y se hospedó en el Hotel Madrid. Aproximadamente a las tres de la madrugada del día 18 de julio el coronel Seguí informa telefónicamente a Franco de que la tarde anterior, es decir, un día antes de lo previsto («el 17 a las 17», había sido la consigna), se había alzado el Ejército de África en Llano Amarillo, Melilla, y que el golpe había estado protagonizado, entre otros, por los coroneles Yagüe en Melilla, y Sáenz de Buruaga, Asensio y Beigbeder en Tetuán.

¿Pero qué pasó desde que Franco entrara por La Isleta en la mañana del viernes día 17 de julio hasta su salida del aeropuerto de Gando al mediodía del 18? Muchas son las hipótesis que se han barajado, no todas son ciertas, aunque estén profusamente adornadas de épicos ribetes novelescos. Hagamos un somero repaso a los hechos probados.

Franco en Las Palmas de Gran Canaria

En la madrugada del 17 de julio, el general Franco, se desplaza al puerto de Tenerife donde se embarca en el correo interinsular «Viera y Clavijo» y se dirige rumbo a Las Palmas de Gran Canaria. Como ya se ha dicho, el gobierno del Frente Popular le ordena que se persone en los funerales del general de división Amadeo Balmes Alonso el cual había fallecido el día anterior a consecuencia de las graves heridas causadas por un desgraciado accidente mientras manipulaba una pistola encasquillada durante unos ejercicios de tiro. Además, es el mismo gobierno quien encarga al general Franco abrir una investigación para esclarecer el suceso de la muerte de su compañero de armas.

La manipulación y tergiversación de algunos historiadores sectarios quieren, ahora, hacernos creer que el general Balmes no murió accidentalmente sino que se pudo tratar de un suicidio inducido por terceras personas, e, incluso, un asesinato premeditado al oponer resistencia a las intenciones golpistas de unos involucionistas que aún no se habían pronunciado. El prestigioso historiador e hispanista Paul Preston, especialista en la Guerra Civil española, ha aseverado en múltiples ocasiones con respecto a la muerte del general Balmes: “Hoy es virtualmente imposible afirmar si su muerte fue un accidente, un suicidio o un asesinato”.

Algunas preguntas se me vienen a la mente al hilo de la polémica levantada por estos manipuladores de la Historia, maniqueos e intolerantes, que han sabido bucear en las aguas mansas de una dictadura de la que se sirvieron y en la que se formaron, y en las actuales aguas revueltas de la mal llamada “memoria histórica” de unos inflamados progresistas de izquierdas.

¿Si el gobierno del Frente Popular hubiera tenido la más mínima sospecha de que la muerte del general Balmes no fue fortuita y pudo deberse a la intervención de militares involucionistas, hubiera encomendado la investigación de tan luctuosos hechos al general Franco del cual sospechaban era uno de los cabecillas del golpe en ciernes? ¿No hubiera sido más lógico -caso de que esas sospechas hubiesen estado fundadas y fuesen reales-, enviar a un comisionado del gobierno desde Madrid para hacerse cargo de la investigación? De sospechar de Franco ¿no hubiera sido lo más normal ordenar su detención preventiva hasta el esclarecimiento total de los hechos en lugar de ordenarle presidir los funerales y los honores al militar fallecido? Querer hacer coincidir anécdotas fortuitas con sospechas infundadas por simple animadversión hacia una de las partes no es labor de un investigador serio de la Historia sino obra de mentes perversas y revanchistas cuyas motivaciones rencorosas van más allá de la propia historia en sí.

Los hechos probados

A su llegada a La Isleta, el militante anarquista, Amadeo Hernández, intentó atentar contra la vida del general Franco pero, por suerte, fue detenido por el policía secreto Luis de Teresa al observar que este delincuente esgrimía una pistola.

Después del incidente, el general Franco, se dirigió al Hotel Madrid cercano al parque de San Telmo donde se encontraba el Gobierno Militar. En esas dependencias militares le aguardaban su esposa Carmen Polo, su hija, su ayudante y primo hermano teniente coronel Franco Salgado-Araujo y el comandante auditor Martínez Fuset, junto a ellos hay cinco escoltas de su confianza como protección.

En el transcurso de la mañana tiene un breve encuentro con el cónsul de Gran Bretaña en las islas cuestión que ha levantado sospechas en aquellos que quieren ver en ese acto de cortesía la complicidad de los ingleses en los planes del general Franco.
Un poco más tarde, Franco abandona el Hotel Madrid para dirigirse hacia donde se celebran los solemnes funerales por el fallecido Balmes en el cementerio de San Cristóbal de Las Palmas. Una multitud acompaña a las exequias fúnebres donde también está organizado un desfile de las tropas de honores, con banda de música y crepones negros. El féretro va cubierto con la bandera tricolor de la República.

Por la tarde acude a una finca en Tafira donde se reúne con algunos compañeros de armas que están, como él, confabulados en la conspiración. Ultima con ellos los detalles de su salida de la Isla, especialmente con el general Orgaz, hombre de su entera confianza.

Entrada ya la noche Franco y sus escoltas acompañan a su familia, junto a sus ayudantes, hasta el guardacostas «Arcila», atracado en el puerto de Las Palmas, donde pasarán la noche según consta en el libro escrito por Sergio Millares, Alberto Anaya y Miguel Suárez que lleva por título «De la República a la Guerra Civil en Las Palmas».

El gobernador civil de Las Palmas, el socialista, Antonio Boix Roig recibe esa misma noche del 17 un cablegrama desde Madrid enviado por su partido, el PSOE, donde se le advierte de la inminencia de un golpe militar presumiblemente iniciado ese mismo día –las noticias aún son confusas-, en el norte del Protectorado español de Marruecos. Inmediatamente pone sobre aviso a sus compañeros de la Federación Obrera Socialista que están celebrando un pleno en la Casa del Pueblo en La Isleta.

En Madrid están muy nerviosos aunque no acaban de dar crédito a las confusas noticias llegadas desde Unión Republicana de Melilla que dice haber sido alertada por la delación de un falangista traidor llamado Álvaro González, el cual les había informado de los hechos acontecidos en las maniobras de Llano Amarillo.

El propio presidente del gobierno, Santiago Casares Quiroga, al ser informado por unos reporteros de Unión Radio, se pone inmediatamente en contacto telefónico con el general Gómez Morato, general en jefe de las tropas africanas, al cual encuentra disfrutando de una feliz velada sabatina en las instalaciones del Casino de Larache. Dicho general informa al presidente del gobierno que nada sabe de lo que le acaba de comunicar pero que indagará la veracidad de la noticia sin darle mayor importancia aunque, a pesar de ello, abandona la fiesta y se dirige en avión hacia Melilla.

Algo más calmado, el presidente del gobierno, abandona a altas horas de la madrugada las dependencias del Consejo de Ministros y al ser inquirido por los periodistas sobre el levantamiento militar en África les contestó: «¿Qué se ha levantado el ejército en África?… Pues bien, yo me voy a acostar, señores.»

La policía gubernamental pone cerco al general Franco

El gobernador civil envía a unos policías para que vigilen cautelarmente los movimientos del general en el hotel. El Jefe de la Policía Municipal, Alberto Hernández –fusilado en los primeros momentos del Alzamiento- y el policía secreto Nicolás Ballester acuden al Hotel Madrid. Boix Roig recibe órdenes explicitas desde su partido en Madrid para que detenga al general Franco, pero éste, más astuto que ellos, se había refugiado en el Gobierno Militar en el parque de San Telmo.

Ante los intentos fracasados de detener a Franco, el jefe de la Guardia Civil de Las Palmas, teniente coronel Emilio Baraibar, recibe instrucciones instándole a la desobediencia en el caso de que le ordenen adherirse al intento involucionista. Baraibar acata la orden y se traslada, con todas las fuerzas bajo su mando, a la calle de Triana, donde se encuentra el Gobierno Civil, con el fin de defender la legalidad republicana vigente y se encierra con todas ellas. Otro tanto hace el teniente de la Guardia de Asalto Marín que también se encierra con la totalidad de los hombres a su cargo.

Entre las cinco y seis de la madrugada del 18 de julio, el general Luis Orgaz, uno de los jefes militares comprometidos con el golpe de Estado, camina unos metros por la calle de Triana para ir al Gobierno Civil y anuncia la próxima proclamación del Estado de Guerra. Conmina al gobernador civil a que ceda el mando de las fuerzas a lo que Boix Roig se niega con total rotundidad. A las 06:00 horas de la mañana, Franco firma el Bando del Estado de Guerra conocido como: «Manifiesto de Las Palmas».

Carmen Polo y su hija abandonan, junto a Martínez Fuset, el guardacostas donde habían pernoctado y trasbordan al buque alemán Wadras que las llevará hacia un país extranjero.

Franco temía un posible fracaso del levantamiento y estaba decidido a proteger a su familia con la ayuda y subvención que el multimillonario Juan March el cual puso una cuenta a su nombre en el extranjero con medio millón de pesetas de la época. Franco cree controlada la situación y necesita con urgencia ir al aeropuerto de Gando para dar el salto a Marruecos y encabezar la sublevación contra la República. Se dirige al embarcadero del parque de San Telmo para abordar el remolcador España con el propósito de llegar por mar al aeropuerto pues había descartado -como medida de seguridad- ir por carretera dados los rumores que existían sobre la preparación de una emboscada contra él por parte de los milicianos ´El Corredera´, el Casimiro, Elsa Wolf, Juan del Peso y otros quienes habían cortado la carretera en Telde -a la altura de Jinámar-, aunque más por temor a la llegada de soldados que a la de Franco, pues eran pocos quienes conocían sus movimientos inmediatos.

Franco logra salir de Las Palmas

Existe mucha tensión porque Franco se escapa. Dirigentes republicanos entre los que se encontraban Arturo Camino, Masmano Pardo y otros, aconsejan al gobernador civil de Las Palmas, Boix Roig, que ordene disparar contra el remolcador España a su paso por mar a la altura de la sede del Gobierno donde existen ventanas orientadas hacia el mar. Tanto el gobernador Boix Roig como el teniente coronel Baraibar se niegan a disparar. Este hecho hizo que el futuro vencedor de la contienda no mandara fusilar ni a Boix ni a Baraibar.

El general Luis Orgaz, militar monárquico destinado en Canarias al igual que Franco, se queda al mando de la rebelión golpista en la isla y ordena emplazar dos cañones que apunten en dirección al Gobierno Civil. Orgaz manda ocupar los principales puntos estratégicos de la ciudad, entre ellos el Ayuntamiento, donde se atrincheró un grupo de guardias municipales al mando de su jefe, Alberto Hernández al que hace fusilar sumariamente. El resto de la ciudad siguió la consigna de huelga general convocada por la Federación Obrera Socialista, sin embargo, solamente se produjeron escasos conatos de resistencia en lugares como Telde, La Palma y Gomera.

Franco llegó a Gando donde esperaba el avión para partir rumbo a Tetuán con el fin de ponerse al mando del ejército de África. Tal y como estaba previsto, el hidroavión Dragón Rapide que había partido del aeropuerto de Croydon, en Londres, el 11 de julio con siete personas a bordo estaba esperando a un octavo e importante pasajero. Cuando éste subió a la nave fue saludado por el capitán piloto Cecil W.H. Bebb; por el comandante Hugh Pollard –que posteriormente sería destinado al MI6 en 1940-; por las jóvenes Diana Pollard y Dorothy Watson que creían estar de viaje turístico; y por Luis Bolín, su enlace. El general devolvió amablemente el saludo e inmediatamente procedió a cambiarse el uniforme militar por ropa civil ya que el avión tenía previsto hacer escala de repostaje en Casablanca dentro del territorio del protectorado francés y temía una posible captura o un aviso a los republicanos. Fuentes oficiosas dicen que llegó a quitarse el bigote para camuflarse. Franco, astuto, mandó al piloto sobrevolar el aeropuerto de Tetuán, no sabía si había triunfado totalmente la insurrección y podía correr el riesgo de ser detenido al aterrizar. Solo cuando el general observa desde el aire al coronel legionario Eduardo Sáenz de Buruaga, alias “el Rubio”, afin al Alzamiento Nacional, autorizó el aterrizaje al piloto. Ya había despuntado el 19 de julio y en España empezaba un nuevo amanecer.

«Así es la historia y así se la hemos contado», lema utilizado por el excelente periodista Ernesto Sáenz de Buruaga al terminar sus telediarios. Este gran profesional es hijo del ya fallecido coronel legionario apodado “el Rubio” que dio la bienvenida a Franco cuando el hidroavión tomó tierra en el aeropuerto de Tetuán.

Afortunadamente estos historiadores tan poco rigurosos no han culpado al general Franco de ser el que diera las órdenes para asesinar a José Calvo Sotelo cuya muerte -terrorismo de Estado- que fue el verdadero detonante del comienzo de la guerra civil, aunque prefiero no darle ideas a aquellos que aún mantienen que fue Franco el único instigador de la guerra cuando, por poco que se estudie, se sabe que fueron los miembros de la UME, con Emilio Mola «El Director» a la cabeza, quienes orquestaron y gestaron el Glorioso Alzamiento Nacional.

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miércoles, 5 de septiembre de 2012

El pensamiento íntimo de Julián Besteiro

 PUBLICADO EN: POR ANDALUCÍA LIBRE  

Julián Besteiro en 1936.

 
Su amigo y correligionario, Andrés Saborit, califica como "El pensamiento íntimo de Besteiro" los textos que siguen:

 A principios del mes de marzo de 1939, Madrid en poder del Consejo Nacional de Defensa, Besteiro redactó las siguientes cuartillas, expresión de su más íntimo pensamiento:

Abrir al pueblo los ojos a la verdad, pero con precaución, no sea que le irrite demasiado la luz, después de un periodo tan largo de tinieblas.

La verdad real: estamos derrotados por nuestras propias culpas —claro que el hacer mías estas culpas es pura retórica—. Estamos derrotados nacionalmente por habernos dejado arrastrar a la "línea" bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos. La política internacional rusa en manos de Stalin, y tal vez como reacción contra un estado de fracaso interior, se ha convertido en un crimen monstruoso que supera en mucho las más macabras concepciones de Dostoiewsky y de Tolstoi. La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la "línea" bolchevique la representan genuinamente, sean los que quieran sus defectos, los nacionalistas, que se han batido en la gran cruzada anticomintern. Pero la más grande o pequeña cantidad de personas que hemos sufrido las consecuencias del contagio bolchevique de la República, no solamente tenemos un derecho, que no es cosa de reclamar, sino que poseemos un caudal de experiencia, triste y trágica, si se quiere, pero por eso mismo muy valiosa. Y esa experiencia no se puede despreciar sin grave daño para la construcción de la España del porvenir.

Esa experiencia y la reacción de liberación consiguiente es la que representa la única legalidad subsistente en el derrumbamiento de la España republicana —la dimisión del presidente ha hecho manifiesto e indudable ese derrumbamiento que ya existía antes—. Además, el Consejo Nacional de Defensa vino a tiempo. Antes hubiese chocado con ese Himalaya de falsedades que la prensa bolchevique ha depositado en las almas ingenuas, y se hubiera estrellado. Así y todo, el choque ha existido, pero no ha sido contra una montaña ingente y dura, sino contra un montón de arena, como acumulado por un huracán del desierto. El percance, en estas condiciones, no ha tenido proporciones tan graves y ha podido ser superado. Si el acto del 4 de marzo no se hubiese realizado, el dominio completo de los restos de la España republicana por la política del Comintern, hubiera sido un hecho y los habitantes de esta zona hubiesen tenido que sufrir probablemente durante algunos meses, no sólo la prolongación criminal de la guerra, sino el más espantoso terrorismo bolchevique, único medio de mantener tan anormal ficción, contraria evidentemente a los deseos de los ciudadanos.

El drama del ciudadano de la República es éste: no quiere el fascismo; y no lo quiere, no por lo que tiene de reacción contra el bolchevismo, sino por el ambiente sectario y pasional que acompaña a esa justificada reacción (teorías raciales, mito del héroe, exaltación de un patriotismo morboso y de un espíritu de conquista, resurrección de formas históricas que hoy carecen de sentido, en el orden social antiliberalismo y antiintelectualismo enragés, etc.). No es, pues, fascista, el ciudadano de la República, con su rica experiencia trágica. Pero tampoco es, en modo alguno, bolchevique. Quizás es más antibolchevique que antifascista, porque el bolchevismo lo ha sufrido en sus entrañas, y el fascismo, no. ¿Cómo este interesante estado de ánimo y esta rica experiencia pueden contribuir a la edificación de la España de mañana? He aquí el gran problema. Porque pensar en que media España puede destruir a la otra media sería una nueva locura que acabaría con toda posibilidad de afirmación de nuestra personalidad nacional, o mejor, con una destrucción completa de la personalidad nacional, peligro que hemos corrido y del cual hemos escapado, al parecer, poco menos que de milagro.

Para construir la personalidad española mañana, la España nacional, vencedora, habrá de contar con la experiencia de los que han sufrido los enormes errores de la República bol-chevizada, o se expone a perderse por los caminos extraviados que no conducen más que al fracaso. La masa republicana útil no puede pedir, sin degradarse, una participación en el botín. Pero sí puede y debe pedir un puesto en el frente de trabajo constructivo.

¿Cuál puede ser la estructura de la nueva España y cuál puede ser su posición en la vida internacional? Probablemente la estructura de la nueva España será la que imponga un régimen de trabajo fecundo, que respete al trabajador, pero le exija el cumplimiento del deber. Ante la jerarquía del trabajo productivo, todas las demás jerarquías, si no habrán nece-sariamente de desaparecer, tendrán por fuerza que resignarse a ocupar una posición subal-terna. Una nación y un Estado estructurado de este modo, ¿qué conexiones habrá de tener con las demás naciones y los demás estados?

Para resolver este problema habrá que tener en cuenta que España es un país complejo. Somos latinos, pero somos también iberos, celtas y moros. Lo cual quiere decir que estamos obligados a sostener relaciones de fraternidad con las naciones latinas (Francia, Italia, América); pero que los problemas africanos —sin perder la cabeza— no pueden sernos in-diferentes, y que la vida cultural, económica, social y política de Inglaterra y de Alemania debe ser para nosotros objeto, no sólo de consideración, sino de constante respeto y de ins-piración. Por fortuna, parece que la política europea camina hacia un bloque de naciones que empieza en Ror"a y, pasando por Londres, acaba en Berlín, si no es que acaba en el extremo de los estados bálticos; pero, en todo caso, con exclusión de la Rusia staliniana y, por lo menos, con su puesta en observación con precauciones de lazareto.

Si ese bloque, suprema garantía de la paz y de la prosperidad de Europa, se formara y en él entrara Francia (como seguramente entraría), los problemas de política exterior quedarían felizmente simplificados para la España del porvenir.

Solamente habría que añadir a este cuadro una nota de singular interés. Esa nota se refiere a la nación hermana y vecina nuestra, que con nosotros ocupa el viejo solar ibérico: Portugal.

Portugal, desde el punto de vista nacional e internacional, ha progresado mucho. Con el más profundo y sincero respeto a su independencia nacional, el conocimiento y el interés recíproco de las dos naciones ibéricas es una condición precisa del desarrollo de nuestra fuerza vital y de la definición de nuestra personalidad en el mundo.

Dos telegramas interesantes

Perdida Cataluña, Trifón Gómez, Director General de Abastecimientos, se trasladó a Ma-drid desde París, en donde fue objeto de una cena de despedida en el restaurante Zatoste, que organizamos un grupo de socialistas españoles. Era objeto de su viaje organizar el reparto de víveres entre el ejército y la población civil leales a la República en las zonas Centro y Levante. Apenas si pudo entrar en relaciones con Besteiro, porque encontrándose en el despacho oficial del gobernador civil de Madrid, José Gómez Osorio, con el que estuvo muy compenetrado, ambos fueron detenidos y encarcelados en El Pardo hasta el final de la sublevación iniciada por los comunistas contra el Consejo Nacional de Defensa. Normalizada la situación, Trifón regresó a París, de acuerdo con Besteiro y demás consejeros, para acelerar el envío a Madrid de cuanto estuviera dentro de sus posibilidades. Apenas llegado a la capital francesa recibió el siguiente telegrama, que tiene indudable interés por la fecha y por la preocupación que revela su contenido:

Julián Besteiro a Trifón Gómez.—C.A.M.P.S.A. Gentibus, París.—Deseamos realice dos gestiones urgentes: Primera. Cablegrafiar a Washington, embajada española, advirtién-dole puede comunicarse con usted por cablegrama, que usted me transmitirá cifrado. Las claves que posee Fernando de los Ríos no las tenemos nosotros. Usted se comunicará con-migo por la clave C.A.M.P.S.A. Gentibus.—Segunda. También necesitamos urgentemente se ponga en comunicación con embajador de Méjico en París, y le ruegue en nuestro nombre nos proporcione información concreta acerca ayuda que Méjico puede prestarnos admitiendo emigrados de esta zona en momento liquidación. Es este asunto fundamental para nosotros, dadas circunstancias actuales. Abrazos.—Besteiro.

Besteiro estaba decidido a no abandonar Madrid, pero sentía enorme preocupación por ayudar a que se salvaran cuantos estaban en peligro en las zonas Centro y Levante. Este telegrama es un nuevo timbre de gloria para la memoria de aquel integérrimo luchador.
El poeta Juan Ramón Jiménez envió a Besteiro el siguiente radiotelegrama, de interés por tratarse de una personalidad distanciada de los partidos políticos:

Radiotelegrama vía transradio española.—62 Miamiflo 11 11 1202 0545 S/L GNZ.—Julián Besteiro, ministerio Estado, Madrid.—Nuestra adhesión confiada.—Juan Ramón Jiménez.


Dos despedidas

Regina García fue propagandista del Partido Socialista en los años de la República. Era oradora y escribía con facilidad. Estuvo a punto de salir diputada a Cortes en las últimas elecciones. En nombre de la Unión General vino a Ginebra en reuniones de la Oficina Inter-nacional del Trabajo. Durante la guerra civil hasta dirigió algún periódico diario. Se quedó en Madrid, y ha escrito un libro, Yo he sido marxista, en el que describe los últimos momentos de la República, al que pertenecen estos párrafos:

—Y usted, profesor, ¿qué piensa hacer? —pregunté con manifiesta indiscreción.

Besteiro se irguió en su alta estatura, y con aquella sonrisa suya, que era más triste que la misma seriedad, respondió:

—Yo, que nunca dije "O nos salvamos todos o todos perecemos", me quedaré con los que no pueden salvarse. Es indudable que facilitaremos la salida a muchos compañeros que deben irse, y que se irán por mar, por tierra o por aire; pero la gran mayoría, las masas nu-merosas, ésas no podrán salir, y yo, que he vivido siempre con los obreros, con ellos seguiré y con ellos me quedo. Lo que sea de ellos será de mí.
Me conmovió aquella lealtad a una vida rectilínea, consecuente con sus postulados. Don Julián no era de los que tenían unas ideas para la propaganda y otras para su uso particular. Le tendí la mano, emocionada.

—Usted se irá con Carrillo, ¿no es eso? —me preguntó.

—No, profesor. Yo también me quedaré.

—Usted, ¿por qué? —protestó Besteiro. Usted es una mujer y no debe sufrir los embates que se avecinan. Vayase, Regina, se lo aconsejo. No se quede aquí.

Don Rafael Sánchez-Guerra fue auxiliar eficaz del coronel Casado, a cuyas órdenes se puso en Madrid. Era concejal del Ayuntamiento elegido el 12 de abril, y fue secretario del presidente de la República, don Niceto Alcalá-Zamora. En París escribió Mis prisiones, con la sinceridad y agresividad características en su autor. Hay en ese libro muchos trozos dignos de divulgación. He aquí uno de ellos:

Me despedí igualmente de Julián Besteiro, pero con más emoción que cuando nos sepa-ramos en la prisión de Porlier. No sé por qué, tenía el presentimiento de que no le volvería a ver más. Noté que Besteiro estaba igualmente emocionado. Se leía en sus rasgos una gran melancolía y hasta tristeza. Jamás olvidaré este último momento. Siempre he sentido más impresión ante la pena de un espíritu altivo que ante el dolor de temperamentos pusilánimes. Condenado algunos días más tarde a esta misma pena de reclusión perpetua, en julio fue trasladado al convento de los padres trapistas de Dueñas, y de allí a Carmena, donde falleció en 1940 a consecuencia de un envenenamiento de la sangre mal cuidado. Guardaré siempre de Besteiro el ejemplo de su conducta, de su austera dignidad de ciudadano y de prisionero y el recuerdo de este abrazo casi paternal que me dio cuando salí de la cárcel del Cisne. Las palabras del "L'Exile de mon Cid" parecían haber sido escritas por él: "¡Qué buen vasallo sería, si tuviera un señor leal!" [Qué gran patriota! ¡Qué magnífica figura de apóstol! ¡Qué español más digno! ¡Qué buen gobernante hubiera podido ser en un pueblo menos apasionado que el nuestro, si hubiese existido en España, en época que nos parece lejana, un sistema político como el de los ingleses, donde los socialistas, cuando triunfan en las urnas, son llamados al poder por un rey constitucional y demócrata...

El cainismo español

¿Qué hará falta entre españoles para merecer el respeto de las gentes? Años después de que Besteiro hubiera muerto en una cárcel franquista, los comunistas y sus compañeros de ruta organizaron un Congreso internacional por la paz. En aquel acto casi todos eran intelec-tuales y algunos de fama mundial. La delegación española estaba maniobrada por los comunistas Montiel y Races, el mismo que siendo subsecretario del ministerio de Instrucción Pública, en Valencia, se había dirigido a Besteiro en los términos que hemos reproducido anteriormente en carta oficial que le remitió a Madrid.
Hubo una moción estigmatizando la dictadura franquista, muy aplaudida por los congresistas. Iba en ella la relación de víctimas del fascismo español. Era una lista selecta, pero no estaba Julián Besteiro. Los señores Giral y Castro se indignaron contra esta felonía de sus otros colegas de representación nacional, aunque no política. Los comunistas no podían incluir a Besteiro entre las victimas de Franco nasta que iálann les autorizara a ello. ¡Qué vergüenza y qué tristeza!
Con razón pudo escribir don Salvador de Madariaga lo que sigue, adivinando la felonía que hemos descrito:

"Como símbolo de este espíritu postumo de guerra civil en que vivían los rebeldes victoriosos, cabe mencionar la condena a treinta años de presidio de don Julián Besteiro, el gran ciudadano español que gozaba del respeto, afecto y admiración de todas las ciases sociales. Con la tristísima excepción de algunos correligionarios suyos en marxismo que han deshonrado su pluma intentando injuriar a quien vivió, pensó y obró muy por encima de ellos.

¿Se quiere una definición de Besteiro? He aquí lo que escribió Loweil:

"La única prueba concluyente de la sinceridad de un hombre es la abnegación con que personalmente se sacrifica por un ideal."

Y como réplica a la conducta de esos españoles que en un Congreso de intelectuales dei enseres de la paz borran el nombre de Besteiro de la lista de mártires del fascismo español, éste podría repetirles, si viviera, el siguiente pensamiento de Uowper:

"Un hombre bien criado, modesto y sensible, no será capaz de insultarme, y los demás no lo conseguirían aunque lo intentaran."

Joaquín Costa, que de haber tenido más fe en sí mismo y en el pueblo español hubiera consolidado su obra de pensador genial, en 1900 escribió:

"Lo que España necesita y debe pedir a la escuela, no es precisamente hombres que sepan leer y escribir; lo que necesita son "hombres'; y el formarlos requiere educar el cuerpo tanto como el espíritu y tanto o más que el entendimiento, la voluntad. La conciencia del deber, el espíritu de iniciativa, la confianza en sí propio, la individualidad, el carácter.

Esa fue la obra de Besteiro, y eso fue Besteiro, representado igualmente por este párrafo sustancioso de don José Ortega y Gasset:

"¿Qué significa lo que llamamos un hombre íntegro sino un hombre que es enteramente él, y no un zurcido de compromisos, de caprichos, de concesiones a los demás, a la tradición, al prejuicio?"

Admirable definición de un hombre íntegro, esto es, de Julián Besteiro. Mejor, sería difícil hacerlo.///
 

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domingo, 17 de abril de 2011

Carrillo, sobre Paracuellos: "Estuve implicado pero no di la orden de matar"

PRESTON PIDE DEBATIR SU CONTESTACIÓN 
La contestación de Carrillo al libro de Paul Preston sigue generando polémica. El historiador pide analizar la contestación del ex líder comunista.
Preston, sobre Carrillo: ''¿Este tío me toma por tonto, o qué?''

2011-04-17

Libertad Digital
Santiago Carrillo ha vuelto a estar de actualidad debido al libro del historiador Paul Preston presentado esta semana. En una conferencia abarrotada en el Círculo de Bellas Artes, durante la conmemoración del 80 aniversario de la II República, Carrillo trató de atajar el nivel de las acusaciones.
"Yo no di la orden de matar a la gente de Paracuellos. Es verdad, estuve implicado como consejero de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid pero no di la orden de matar a nadie. Yo sigo teniendo el orgullo de haber estado en un puesto importante que hizo posible la defensa de esta ciudad durante más de dos años y medio. Tengo el honor de ser uno de los defensores de Madrid".
En la calle de Alcalá, tal y como relata Crónica de El Mundo, miles se manifestaban con estandartes tricolores y símbolos de la República. "El 7 de noviembre no podíamos incurrir en angelismos. ¡Afortunadas las personas que no han tenido que pasar por situaciones así en su vida!, relató Carrillo.
Carrillo Contestó al suplemento de El Mundo sobre el libro de Paul Preston El Holocausto español, en el que el autor afirma en él que "Carrillo sí sabía lo que pasó en Paracuellos. Decir que no sabía nada es ridículo".
El ex dirigente izquierdista respondió que lo ha leído "y tengo una opinión diferente a la que él ha manifestado. No es un libro contra mí, sino que da muchas claves favorables respecto a mi actuación en aquellos días. Ese libro a mí me ha tranquilizado", dijo. Y añadió que tiene "ganas de hablar con Preston porque me ha dado luz sobre unos hechos que hasta hoy desconocía".
El propio Preston reaccionó a esa opinión de Carrillo y contestó a Crónica. "¡Qué listo es Carrillo! Ahora quiere provocar otra nube de niebla sobre la oscuridad. Su contestación merece un debate muy minucioso. Si él ha leído realmente mi libro verá que explico muy bien como él es uno de los responsables de la operación Paracuellos donde se asesinan a 2.500 personas. Es una responsabilidad entreabrios. Los responsables no pasan de 8 o 10 personas. Pero Carrillo es uno de ellos".

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lunes, 19 de julio de 2010

García Lorca era partidario de una dictadura militar. Gibson omitió el dato en sus libros

SEGÚN CONTÓ ROSALES A GIBSON

2010-07-19
LIBERTAD DIGITAL

La revelación se encuentra en el documental "Rosales, así he vivido yo". Realizado por Emilio Ruiz Barrachina, se presentó en una muestra en homenaje al poeta en La Casa Encendida, de Madrid. En él, se incluye una entrevista deLuis Rosales con el historiador Ian Gibson, celebrada en 1966, en la que Rosales contaba aspectos tan silenciados sobre Lorca como su amistad con José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange o la revelación, sorprendente, de que era partidario de que se impusiera en España una dictadura militar.

"No es que él fuera de derechas, tampoco sería eso verdad", explica Rosales en la entrevista en la que comenta que el poeta deseaba el fin de la violencia desatada en España y veía como solución una dictadura. También afirma que Lorca "tenía un pensamiento de derechas".

Su interlocutor, el historiador Ian Gibson, no mostró el menor interés en este aspecto desconocido de García Lorca, asesinado poco después del comienzo de la Guerra Civil y convertido en símbolo para la izquierda. 

Gibson optó, según recoge Ideal, en restar credibilidad a Rosales, del que dice que le dio "la versión del régimen franquista, porque esa era la que había en 1966, con el dictador en activo". Y en el caso de que sus palabras tuvieran algo de verdad, explica que en "un momento de tanto pavor, de terror y conocedor de las muertes que se producían, Lorca pudo quedar preso de las circunstancias".

El dato, que él conoció hace más de cuarenta años, no halló hueco en sus estudios sobre el poeta. Gibson aduce que "no hay constancia documental alguna sobre esa cuestión" y que "los Rosales nunca aclararon nada en su momento". Tampoco da crédito a la amistad de Lorca con José Antonio. Argumenta que "Falange la habría utilizado", que José Antonio "fue detenido en marzo de 1936", cuando se publicó en Roma un artículo de Celaya relatando la relación y que, de haber existido, "se hubiera hablado de ello y la habría conocido mucha gente".

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viernes, 16 de julio de 2010

Una fecha crucial en la historia de España

Guerra Civil
Pío Moa
"Considerar republicano a aquel intento de nuevo régimen ha sido, sigue siendo, uno de los mayores fraudes de la historia reciente de España."

2010-07-15

La noche del 12 al 13 de julio de 1936, Calvo Sotelo, entonces el líder más notorio de la oposición, fue asesinado por el Frente Popular (fuerza pública y milicianos socialistas). Esta es una de las fechas que marcan un antes y un después en la historia de España, porque resultó la gota que colmó el vaso de la indignación y convenció a muchos vacilantes, como el propio Franco, de que sublevarse contra aquel régimen era justo e indispensable. El asesinato constituía una declaración de guerra, y así lo vio la mayoría. Tal declaración continuó en días siguientes, cuando el PSOE encubrió a los asesinos, el gobierno reprimió a tiros manifestaciones de protesta, haciendo muertos y heridos, y la policía se dedicó a hacer razzias contra la derecha, en lugar de perseguir a los criminales (como solía hacer con motivo de cada asesinato anterior).
Fueron una auténtica confesión las palabras de Prieto equiparando el asesinato del dirigente político con el del teniente Castillo, realizado unas horas antes, por terroristas de derecha. Confesión porque demostraba que las fuerzas de orden público y las milicias de izquierda eran y actuaban como grupos terroristas. Por cierto, la misma equiparación hacen hoy los políticos e historiadores de izquierdas, demostrando así qué entienden por democracia.
El dislate de Prieto ponía además en el mismo nivel dos actos de magnitud política absolutamente distinta, lo que ayuda a entender asimismo su implicación en el magnicidio, como ya expliqué en El derrumbe de la república. Muy preocupado por la conspiración militar que el gobierno creía controlada como la de Sanjurjo, Prieto tenía el mayor interés en reventar la conjura antes de que esta madurase, y nada mejor para ello que una provocación brutal: ante ella, o los conspiradores saltaban de una vez o demostrarían no constituir ningún peligro serio. Además, las izquierdas deseaban una guerra civil, en sus propias palabras, seguros de que, disponiendo del poder, aplastarían pronto y definitivamente a sus enemigos.
El asesinato fue una empresa socialista: tanto los asesinos directos como el jefe de la operación, el capitán, Condés, de la Guardia Civil, eran hombres de Prieto, como probablemente lo era Castillo, instructor de las milicias del PSOE en tácticas que solo pueden calificarse de terroristas. Y Condés fue enseguida a dar parte de la acción a su jefe político. Lo explica este, aunque, como de costumbre, desfigura los hechos al pretender que Condés estaba arrepentido y quería suicidarse, versión simplemente grotesca. Lo que buscaba Condés era protección, encubrimiento, y Prieto, desde luego, se las dio. Con toda probabilidad, Prieto y los suyos habían quedado previamente en explotar cualquiera de los atentados derechistas de la época, muy escasos por comparación con los izquierdistas, para dar una réplica al más alto nivel, pues también fueron a por Gil-Robles, que estaba ausente. Otros datos significativos abundan en señalar a Prieto como autor intelectual del crimen.
Lo históricamente decisivo, repito, fue que el crimen obró como declaración de guerra, convenciendo de la necesidad de rebelarse a muchos indecisos. Y, por cierto, las esperanzas de la izquierda estuvieron muy cerca de cumplirse, porque el golpe, organizado por Mola, fracasó en tres días, y de no haber sido por Franco y sus tropas de Marruecos, el Frente Popular habría destrozado definitivamente a los sublevados.
Quienes siguen defendiendo como legítimo, democrático y republicano a aquel gobierno y a sus turbas izquierdistas, debieran reflexionar sobre tres puntos:
  1. El Frente Popular ganó, en febrero, en unas elecciones de extrema violencia y enfrentamiento, muchos de cuyos recuentos se hicieron sin autoridades, amén de otras irregularidades reconocidas por Azaña; y cuyas votaciones no se publicaron oficialmente. Si consideran democráticas elecciones semejantes, es bueno que todos lo sepamos.
  2.  El programa del Frente Popular hablaba de "republicanizar el Estado", siendo lo contrario de la república del 14 de abril. El gobierno trataba de implantar un régimen similar al del PRI mejicano, reduciendo la oposición a la impotencia; y sus partidos principales querían una revolución de tipo soviético. Se trataba, por tanto, de acabar con cuanto tenía de democrática la II República. Considerar republicano a aquel intento de nuevo régimen ha sido, sigue siendo, uno de los mayores fraudes de la historia reciente de España.
  3. Por tanto, el Frente Popular carece de legitimidad de origen. Y a continuación encendió un proceso revolucionario abierto, sangriento y en gran medida caótico. Su ilegitimidad volvió a exhibirse con la negativa del gobierno a cumplir y hacer cumplir la ley republicana, amparando en cambio la revolución, pese a la insistencia de la derecha en que cumpliera su obligación legal. Insistencia que valió a los derechistas amenazas de muerte en las mismas Cortes, cumplidas en Calvo Sotelo. Quien quiera una democracia así, o se sienta sentimental e ideológicamente heredero de ella, como el Gobierno actual, queda a su vez definido.

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